lunes, 17 de septiembre de 2012

Después de las vacaciones...Platero y yo

Después de viajes vacacionales y de múltiples visitas....(aunque sigo de "vacaciones obligatorias"). Voy a ponerme las pilas con todo lo que dejé aparcado. De hecho, algunos proyectos que tenía en mente o a medio terminar/empezar, voy a tenerlos es "stand by" para priorizar otros.

De los proyectos originales, solo voy a terminar el de Platero y yo, tengo terminada la tripa y las tapas, solo estoy en el paso de "poner en tapas". Al final me ha quedado un poco clásico con el guaflex marrón oscuro y  con el lomo en piel. Ya me contaréis qué os parece. La imagen de la tapa la cambié por esta otra que tenía mejor calidad.
Con la ocasión de hacer esta encuadernación, he leído por primera vez esta obra de Juan Ramón Jiménez y, la verdad, me ha gustado mucho. Con esa prosa lírica tan bonita y esas evocaciones a su infancia, tan divertidas. También me gustan las referencias que hace del ambiente y de la gente de Moguer. Aunque todo el mundo recuerda el primer capítulo donde se describe a Platero, el resto de capítulos no son nada "dulces" ni "lectura recomendada para niños". De hecho, en el prólogo, Juan Ramón explica que esta obra la clasifican "para niños" pero que él no la hizo con esa finalidad, ni tampoco es contrario a que solo lo lean los adultos. En fin, que según las sensibilidades, hay capítulos que te impresionan más o menos. Por ejemplo "El niño tonto" o "El fantasma" o el episodio de la sanguijuela, son los que más escalofríos me han dado. Muchos pasajes te da impresión por la crudeza de la vida rural o por la pena que te dan ciertos personajes o el propio Platero.
Me encanta la contínua conversación entre autor y asno, (bueno, más bien, monólogo del autor), pero es tan tierno con el burro y lo tiene tan en consideración que lo trata casi como a una persona. Luego, tampoco es siempre el mismo burro ya que se mezclan las vivencias de Juan Ramón de niño con las de adulto y van dando saltos de una a otra, por lo tanto, ese "Platero" no es un burro concreto, sino un "partener" sempiterno que acompaña al autor en sus vivencias.
En fin, que me ha gustado mucho, aunque con pasajes un poco duros, pero encantadores. Lo recomiendo.

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